No sé hablar del mar – Javier Correa Román
Un libro bello pero duro que se resume en una única pregunta: ¿cómo narrar el recuerdo de la violencia?
Javier Correa Román nació en Madrid en 1995. Los temas que más le interesan son el deseo y la autonomía (y, sobre todo, sus conjunciones). Escribe con cierta regularidad en espacios de militancia política (El salto, Zona de estrategia). Además, también ha escrito relatos (el último en Arte en la era digital, 2023) y poemas (el último, en Casapaís, 2025). Es autor de varios libros de ensayo, siendo el más reciente: Micropolítica del amor. Deseo, capitalismo y patriarcado (Punto de Vista Editores, 2024). Es doctor en Filosofía por la UAM. Editor y redactor en FILOSOFÍA&CO y librero de la librería asociativa malaletra, en el centro social La Villana de Vallekas.
No sé hablar del mar es su primera novela.

ISBN 979-13-990860-5-8
DEL LIBRO
… así que le empecé a preguntar por los autobuses porque mi hermano se sabía todos toditos porque mi abuelo se los contaba para que se los aprendiera porque mi abuelo había trabajado conduciendo autobuses y le decía el uno guille va desde cristo rey hasta prosperidad y pasa por la puerta de alcalá y mi hermano le miraba y le sonreía así que cuando mamá empezaba a decir que le iba a denunciar o cuando papá le decía que estaba loca yo le decía en bajito así como cuando no queríamos despertar a laura le decía guille el uno de dónde a dónde va?
y él de repente
paró de moquear y me dijo cristo rey prosperidad y pum pum pum y le dije y el dos? y él manuel becerra reina victoria y le dije eso donde está? / me dijo no sé y le dije el 3? y el 4? y el 5? / eso hacíamos hasta que paraba todo pero a veces no paraba y cuando llegábamos al 42 nos poníamos como contentos pero sin estarlo como nerviosos raros porque el 42 era el autobús de debajo de nuestra casa y los dos sabíamos que iba de plaza castilla a peñagrande y fue el primero que nos supimos así que le decía el 42 guille y decía plaza castilla peñagrande y yo sabía que quería sonreír aunque no lo hiciese pumpum…

LA NOVELA
No sé hablar del mar, de Javier Correa Román, despliega Madrid como un mapa íntimo, donde cada línea de la EMT se convierte en un trayecto que guarda memoria, emociones y secretos. La ciudad aparece fragmentada, viva, con calles, plazas y puentes que laten al ritmo de los recuerdos, como si cada rincón tuviera su propio pulso, su propia historia invisible.
La escritura de Correa atrapa con los detalles más mínimos: el sonido de un sollozo que se escurre entre las rendijas del cuerpo, un gesto que se repite hasta volverse ritual, los ojos que buscan algo que nadie nombra. Cada fragmento funciona como un microuniverso donde el miedo, la ternura y la imaginación coexisten, y donde lo cotidiano se vuelve poético, imprescindible para sostenerse. Letras que bailan, cartulinas olvidadas, gestos de cuidado que parecen rituales: la imaginación y la atención a lo mínimo construyen un territorio secreto donde los personajes se sostienen y se reconocen entre sí. El ritmo fragmentario y sensorial del libro reproduce la manera en que la memoria atraviesa el tiempo: repeticiones, pausas inesperadas, silencios cargados de sentido. Esa irregularidad, combinada con la sensibilidad al detalle, produce una lectura que te envuelve en la mente de los personajes, donde cada instante se siente al mismo tiempo cotidiano y extraordinario.
Sin perder su voz propia,
el estilo de Correa dialoga con tradiciones literarias de memoria y subjetividad: por momentos recuerda la secuencia autobiográfica seca de Annie Ernaux, el uso del silencio y la repetición de Marguerite Duras, o la incomodidad moral que no se resuelve de Sara Mesa. Pero mantiene un pulso singular, centrado en cómo la infancia y la memoria organizan lo que no puede ser dicho directamente, cómo los recuerdos y los gestos cotidianos se vuelven lenguaje y refugio.
Hay, además, en esta primera novela, una maestría notable: Correa demuestra un control del ritmo, la sensibilidad y la mirada que sorprende y confirma la fuerza de su voz. La fortuna del lector radica en poder recorrer este mapa íntimo de la ciudad y de la memoria de la mano de un autor que ve lo invisible, que escucha lo que se esconde en los gestos mínimos, que convierte lo cotidiano en territorio de reflexión y emoción.
Los árboles,
la tierra y los objetos cotidianos dialogan con los personajes, materializando emociones y sosteniéndolos frente a lo que no se puede nombrar. Así, No sé hablar del mar se lee como un recorrido donde cada trayecto, cada rincón, cada instante guarda secretos y despliega pequeñas certezas. La ciudad se convierte en mapa de memoria, los gestos en lenguaje y los recuerdos en refugio. Y, en ese recorrido, la novela revela también la suerte que tenemos los lectores: contar con una mirada como la de Javier Correa Román. Capaz de transformar lo que parece trivial en una experiencia literaria de hondura y precisión excepcionales.

Aquellos que han sufrido violencia lo saben: no sé puede hablar de lo que pasó sin que el lenguaje se deshaga. Y no se puede hablar de la violencia sufrida, además, sin el constante examen de uno mismo: ¿cuánto tuve que ver yo en lo que me pasó? ¿Pude evitarlo? ¿Acaso me lo merecía? ¿Podré ser algún día algo más que un cuerpo violentado?
Dani, el protagonista de No sé hablar del mar, se enfrenta al recuerdo de sus años de infancia y adolescencia para intentar contar aquello que siempre excede a las palabras. Con un lenguaje poético y libre, y a través de escenas fragmentadas. En el libro se reconstruye la historia de una familia en Madrid cuyas vidas están atravesadas en lo cotidiano por todos los matices de la violencia. El golpe, el silencio, la manipulación, la complicidad, el grito, la huida, los cuerpos rotos, el deseo de muerte, la indiferencia del mundo…
Una narración tierna y aniñada que busca volver a un pasado robado para encontrar los grises de una violencia normalizada, como la convivencia diaria con el padre maltratador, los chantajes ejercidos por la madre víctima, las extrañas alianzas de los hermanos para sobrevivir emocionalmente…

Javier Correa
El autor da/no da pistas en el ÍNDICE:
1 Plaza de Cristo Rey – Prosperidad 9
2 Plaza de Manuel Becerra – Avenida de Reina Victoria 10
3 Puerta de Toledo – Plaza de San Amaro 12
4 Plaza de Ciudad Lineal – Puerta de Arganda 13
5 Puerta del Sol – Estación de Chamartín 15
6 Plaza Jacinto Benavente – Orcasitas 18
7 Plaza de Alonso Martínez – Manoteras 21
8 Plaza de Legazpi – Valdebernardo 24
9 Sevilla – Hortaleza 26
10 Plaza de Cibeles – Palomeras 29
11 Marqués de Viana – Barrio Blanco 30
12 Plaza de Cristo Rey – Paseo del Marqués de Zafra 32
13 Canal – Puente de Vallecas 33
14 Plaza del Conde de Casal – Avenida de Pío XII 35
15 Puerta del Sol – La Elipa 36
16 Moncloa – Avenida de Pío XII 39
17 Plaza Mayor – Colonia Parque Europa 40
18 Plaza Mayor – Villaverde Cruce 42
19 Plaza de Cataluña – Plaza de Legazpi 43
20 Puerta del Sol – Pavones 45
21 Paseo del Pintor Rosales – Barrio del Salvador 46
22 Plaza de Legazpi – Villaverde Alto 47
23 Plaza Mayor – El Espinillo 50
24 Atocha – Pozo del Tío Raimundo 51
25 Ópera – Casa de Campo 54
26 Plaza de Tirso de Molina – Diego de León 55
27 Glorieta de Embajadores – Plaza de Castilla 56
28 Puerta de Alcalá – Barrio de Canillejas 57
29 Avenida de Felipe II – Manoteras 59
30 Avenida de Felipe II – Pavones 60
31 Plaza Mayor – Aluche 62
32 Plaza de Benavente – Pavones 64
33 Príncipe Pío – Casa de Campo 66
34 Plaza de Cibeles – Avenida del General Fanjul 68
35 Plaza Mayor – Carabanchel Alto 72
36 Atocha – Campamento 74
37 Glorieta de Cuatro Caminos – Puente de Vallecas 76
38 Plaza de Manuel Becerra – Las Rosas 78
39 Ópera – Colonia San Ignacio de Loyola 80
40 Tribunal – Alfonso XIII 82
41 Atocha – Colonia del Manzanares 83
42 Plaza de Castilla – Peñagrande 86
Epílogo 87
70 Plaza de Castilla – Alsacia 89
111 Puente de Vallecas – Entrevías 91
144 Pavones – Entrevías 93

Javier Correa Román
- Librería Malaletra. La Villana de Vallekas, 18 de abril (Madrid)
- Librería Cálamo, 7 de mayo (Zaragoza)
- Librería Pérgamo, 14 de mayo (Madrid)
- Librería Rayuela, 16 de mayo (Málaga)
- Librería La Fuga, 24 de mayo (Sevilla)






