BLOG DE LA MEDIAPÁGINA

Lunes 18 Octubre 2010
No se dejen engañar: a pesar de su imagen, ciudadosamente cultivada, de ermitaño ajeno a casi todo, Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) luce desde Alemania un humor tan feroz como inteligente y sentimental. Ahora, por ejemplo, acaba de recuperar sus versos en Yo quisiera llover (Demipage), una antología que arranca en 1977 y termina en 2005, y dice añorar tanto sus perdidos rizos y larga melena como «la fe en las posibilidades poéticas del verso». Asegura, eso sí, que tarde o temprano volverá a la poesía, que abandonó por falta de humo -«dejé de escribir poemas no bien dejé el tabaco»- y exceso de humor.

PREGUNTA.- ¿Se reconoce en los versos que escribió ese otro Aramburu, el poeta de largas melenas?
RESPUESTA.- Me reconozco igual que en mis viejas fotografías, e incluso envidio, no sin un pinchazo de nostalgia, mi juventud, mi melena, aquella fe sin límites que yo profesaba entonces en las posibilidades poéticas del verso. Pero, sobre todo, me reconozco en una circunstancia que no ha cambiado en mí. Y es que sigo siendo un hombre (un pobre hombre, sin duda) que consagra las mejores horas de su vida a expresarse por escrito para los demás.

P.- ¿Qué queda del poeta que comenzó a escribir versos en 1977, amparado e impulsando el Grupo Cloc de Arte y Desarte?
R.- Despacio. No soy mi ataúd, no contengo a un muerto. Yo siento que a fuerza de aprendizaje, de errores reconocidos y de una cosa que se llama evolución (por favor, no confundir con perfeccionamiento) he ido derivando de forma progresiva a un tipo de literatura no menos válida para trasladar a los posibles lectores una impresión verbal sobre el hecho inexplicable de ser un espécimen humano y vivir, a veces muy solo, cerca de tanta gente.

P.- ¿Qué sabe de sus cómplices y amigos, del resto de conjurados?
R.- Nos hemos vuelto personas más o menos razonables. No sé a quién hay que pedir perdón por esto. Algunos todavía mencionamos nuestra pertenencia a CLOC en las solapas de nuestros libros, como el veterano que luce con orgullo sus medallas oxidadas.

P.- ¿Por qué este grupo lleno de talento, libertad y humor parece haber calado tan poco en la cultura vasca y del resto de España?
R.- Porque no salía en la tele. Pese a lo cual triunfamos, aunque nadie se enteró.

P.- ¿Qué hizo a Fernando Aramburu dejar de querer llover?
R.- Tarde o temprano lloveré. La razón que me apartó de la poesía convencional, de la poesía en la que no pasa nada relevante salvo los artificios de ritual, fue el humor. El humor desecó poco a poco mis glándulas poéticas. Me colmó de escepticismo, me curó de la solemnidad y todavía me veda tomar demasiado en serio mi imagen en el espejo.

P.- A menudo ha dicho que hace mucho que la poesía le abandonó, pero el último poema lo escribió en 2005: ¿no siente jamás la tentación de abandonar la narrativa, aunque sea temporalmente, y perderse en unos buenos versos?
R.- El último poema lo escribí en veinte minutos con el exclusivo propósito de corresponder a una solicitud de Amalia Iglesias y de paso probar si mi cafetera poética aún funcionaba. Así que tranquilos, colegas, no aspiro a desbancar a nadie de las antologías. Algún día abandonaré la narrativa, eso seguro, como abandono al cabo de un tiempo todas mis pasiones.

P.- ¿Conoce la nueva poesía española? ¿qué y a quiénes lee, qué autores españoles, jóvenes o no, y qué tendencias le interesan? ¿qué relación tiene con ellos, busca sus libros cuando viene a Madrid, se los recomiendan sus amigos...?
R.- Seré sincero. Conozco bien los libros de poemas que publica Tusquets. ¿Cómo citar autores actuales de mi gusto sin hacer publicidad de mi editorial? Hay muy buenos escritores de poesía actualmente en España. Poetas, en cambio, hay bastantes menos. No sé si me hago entender.

P.- Demasiado, me temo. De todas formas, ¿qué le recomendaría, en dos líneas, a un joven que quisiera ser poeta?
R.- Que no olvidase adquirir a toda costa una formación completa con vistas a un oficio remunerado. Y que fume, porque me he percatado de que yo dejé de escribir poemas no bien dejé el tabaco.




Nuria Azancot. El Cultural, 16/10/2010.
Foto: Antonio Heredia.

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