BLOG DE LA MEDIAPÁGINA

Viernes 11 Diciembre 2009
Foto de Gabriel Pecot


Gatti confiesa que su palabra nace del dolor en los campos de concentración


Armand Gatti, el poeta, dramaturgo y cineasta francés, entre otras cosas, como maqui, superviviente de un campo de concentración o amigo de Mao o Fidel Castro, a sus 85 años, está en Madrid para presentar su antología de poesía en castellano. «Perdida la batalla, sólo queda la revolución de las palabras, dice».
Y es que Armand Gatti parece que es el más apropiado para responder a la pregunta que formuló en su día el filósofo alemán Theodor Adorno: «¿es posible la poesía después de Auschwitz?»
Así, este viejo resistente con cara de hombre noble, con el cabello sobre los hombros, acude a la entrevista vestido todo de negro, con un chaquetón de cuero raído por el paso del tiempo y una chapa en la solapa de Buenaventura Durruti, y espeta rápido a Efe que «la poesía es lo mejor, pero sale del dolor de los campos de concentración».
«La poesía está hecha con palabras, y éstas son la única arma que nos queda –sostiene–. Han nacido del combate y del dolor, del dolor por mis amigos muertos en el campo de concentración. Mi primer amor, Nicole, que era una joven judía que murió en una cámara de gas y por la que yo me hice maqui para luchar contra los nazis desde los 17 años», explica este infatigable libertario.
Gatti consiguió escapar del campo de concentración de Lindemann (Hamburgo, Alemania) siendo menor de edad y, desde entonces, su lucha no ha parado. Hijo de padre barrendero, protagonista de muchas de sus obras, y de madre asistenta, su toma de conciencia por los débiles la lleva tatuada, y su amor por España y su odio a Franco también.
«Yo conocí España a través de los emigrantes que iban a mi casa a ver a mi padre y le contaban lo que sucedía en la minería del norte, cómo trabajan y en qué condiciones. Después, mi primera obra en el Teatro Nacional de París, en el 68, que la prohibieron, se llamaba La pasión del general Franco».
Esta obra causó un incidente entre la diplomacia de España y Francia, porque el embajador español se quejó y De Gaulle mandó a su ministro de Cultura, Malraux, que la parara. Gatti, con ésas, se marchó a Alemania a seguir haciendo teatro y cine.
Pero la Guerra Civil española siempre ha estado en su corazón y después rodó El paso del Ebro y llevó a escena La columna de Durruti. Dice que se fue a Cuba para seguir defendiendo a los perdedores de la guerra.
El Che Guevara le convenció para que hiciera una película en Cuba en 1962, un rodaje «complicado», recuerda, porque cada día venía un miembro del Gobierno a ver el rodaje: «un día Fidel, otro Cienfuegos, otro Guevara…» ríe este anarquista, que dice que hoy la izquierda y la derecha se diferencian porque la derecha nunca quiere dar dinero para la cultura.
Y, como sus palabras van y vienen, vuelve al Che y a Mao para explicar que son «dos de las figuras más difamadas y menos conocidas por los medios de comunicación. Son dos iconos de la publicidad», añade.
Este anarquista, que escribe que «todos hemos nacido de la agonía de una estrella», mira la vida desde la otra orilla, fuera de todo centro de poder, porque «para ver hay que tomar distancia», añade, y sostiene que hoy «la sociedad mercantil no admite el arte. Estamos en la decapitación de la cultura. Los negocios, Google… Todo tiene tanto poder que no hay lugar para la experimentación».
Así, visto el mundo, Gatti ha decidido que ya no hace cine «porque me dijeron –explica– que era el séptimo arte, y hoy es una enfermedad», ríe, al tiempo que canturrea la letra de «Ay Carmela».
Gatti está contento por la publicación de esta antología poética, con poemas intensos y profundos que publica en España Demipage, pero le gustaría que se publicase todo porque, recalca, «amo España», y, mientras, sigue trabajando en su espacio La parole errante (la palabra errante) en Montreuil, un espacio «para la creación y la libertad».


Carmen Sigüenza, EFE

Público, 4/12/2009


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