BLOG DE LA MEDIAPÁGINA

Lunes 19 Enero 2009

LA BOMBILLA, por Elsa Fernández-Santos y Lidia Toga
Miércoles 14 Enero 2009

Cuadernos de viaje de Emily Nudd Mitchell. Egipto. Vivir en El Cairo.
Miércoles 14 Enero 2009

33 modelos para armar


Tras 32 años de silencio, Jorge Alemán vuelve a publicar un libro de poesía: NO SABER, 33 poemas urdidos con la humildad de quien abreva en su herida, se rinde ante lo sagrado y escribe para recomponer una palabra rota.



 


En tu libro de poemas No saber, ¿qué es lo que se está indagando, la herida o la cicatriz?


–En efecto, herida y cicatriz son términos que se encuentran en la tensión íntima del texto No saber. Primero evoquemos una posición que ya se ha vuelto clásica y que la podemos presentar del siguiente modo: hay una herida incurable, anterior a cualquier suceso, de la que somos el resultado, un desgarramiento enfermo y sin sentido que constituye a nuestro ser (la ilustración de Daniel Santoro en la tapa muestra muy bien esto). A su vez, esta herida fundante es nuestra libertad, antes de adoptar cualquier causa o compromiso conviene recordar que está primero ella, de lo contrario solo seremos “marionetas de nuestro ideal”. ¿Cómo tomar contacto con esta herida sino es a través de las distintas variantes del dolor, la angustia, lo siniestro? Lo que la existencia de cada uno muestra es que nadie puede ir directamente a esa herida y tratarla cara a cara, no hay trato directo con ella. Por ello se dice que la escritura puede ser el modo privilegiado de tratar con la herida, de mantenerla en la distancia justa, volverla más soportable organizándole incluso un sentido. Si bien esto no está garantizado de antemano, es donde se abre la posibilidad de que la herida cicatrice. Es la dimensión evidentemente salvífica de la escritura, la escritura funcionando como aquello que revela el corte de la herida y a la vez la sutura, cose sus bordes generando una superficie añadida, esa cicatriz que conmemora la herida primera. Sin embargo encuentro en los treinta y tres poemas presentados en este libro, cifra que como bien has advertido es deliberada, un pequeño desplazamiento con respecto a esta cuestión. Para decirlo directamente, ahora percibo con más nitidez y no como un “a priori” teórico, que la cicatriz no termina de cerrarse, que la sutura es imposible, que los hilos quedan sueltos y que a través de puntos casi invisibles, recomienza el flujo luminoso de la sangre. Es un desangrarse lento, sin ofuscación, agónico, pero no moribundo, con la alegría propia de aquel que ha movilizado todos los recursos más urgentes para seguir viviendo. Muy distinto de la epidemia zombie que recorre el mundo. La escritura, que por supuesto no es lo mismo que la literatura, no termina de suturar nada, la cicatriz no se cierra, la herida gana su batalla pero gracias a esto se movilizan las estrategias de la escritura, y solo así me parece que la escritura es finalmente un modo de estar vivo. Por esto he querido escribir un libro de poesía sin intención literaria, sin “identidad de poeta”, mínimo, pero no con la neutralidad desapegada del minimalismo. De dicción breve, pero sin el aire transgresor que domina en gran parte la poesía actual, más bien humilde con respecto a la experiencia que nos somete.


¿Cómo es posible que el que “no sabe” pueda responder?


–Bataille en cierta ocasión tituló una conferencia “No saber”, se presentó en la sala y se mantuvo todo el tiempo en silencio. Este incidente, comentado por Lacan en algunos de sus seminarios, fue olvidado por mí, cuando me sobrevino el título de este libro. Evidentemente soy responsable de este olvido, pero el “No saber” no es sólo silencio, eso tal vez sería al fin tranquilizador, pero el no saber es un vacío que ejerce una presión constante, que obliga a las palabras a cifrar elementos que interrumpen el carácter mediador de la palabra. La palabra no es solo pacto o conjuro, es imputación, orden, mandato, y finalmente lo que la más le interesa al poema; captar esa voz sin sonido adosada a la palabra, ese eco de una voz inaudible, voz del Daimon, del genio, voz-respiración del poema, voz de la influencia. El baile empieza en ese momento y hay que tener mucho respeto por estos deslizamientos de la lengua, constituyen motivo suficiente para no escribir a ciega ni de modo automático, más bien aceptando que se hace bajo la coerción de una lógica desconocida.


¿Se trata entonces del fracaso de la palabra en el proceso de la comunicación?


–Sí, creo que sí, que el trazo, la marca, la letra y su posible destino de escritura poética surgen en el lugar donde la palabra fracasa y es insuficiente. Lo que tenemos en común es lo incomunicable que nos ata. Parafraseando al Maestro: Allí donde la palabra se rompe, una escritura y ninguna otra, puede advenir como el nombre de tu “No saber”.


Dice el primero de tus poemas: “No sabe es Uno que no sabe / pero lleva tal silencio en el espanto de la frente / que parece haber estado a solas con el Amor”. Hablemos de ese estar a solas.


–Parece que no me repongo nunca del todo de este impacto, de cómo el ser más cercano se nos va ocultando, se disimula en lo esencial, hasta solo llegar a intuirlo a través de algunas fulguraciones, por otro lado como también ocurre con uno mismo. Esta experiencia por supuesto es compatible con todo un mundo de complicidades, rutinas, rituales, querencias que nos vinculan unos a otros. Tengo una permanente relación con aquellos pensadores y poetas que han vislumbrado esto y dan cuenta de esta imposibilidad en el centro de la experiencia amorosa. Sin embargo, para mí sigue siendo sorprendente envejecer mientras el “ocultamiento” hace su trabajo de modo incesante. Es impresionante que ningún “saber hacer con” venga a nuestra ayuda y tengamos que volver a vivir con aquellos pequeños actos cuyas verdaderas consecuencias son incalculables. Por otra parte esto no sería mejor de otro modo, el mejor es el que nos ha sido dado. Cuando se apaga la pasión narcisista, y ésta es la única gracia que para mí tiene el hecho de envejecer, uno ya no cree en el amor a un partenaire como algo necesario u obligatorio o inevitable y entonces agradece infinitamente aquellas contingencias de la vida, esos encuentros a través de los cuales pudo sentir que había alguien más que uno mismo.


En tu texto hay distintas evocaciones de lo sagrado, incluso en el carácter deliberado del número treinta y tres.


–Fue gracias a la escritura que tuve noticias, que a pesar de mi formación laica finalmente algo como lo sagrado golpeaba la enunciación y entonación de los textos. Esto de modo explícito en aquellos poemas que asumen directamente la forma de la oración y la plegaria. Es un noticia que me deja siempre perplejo. Es evidente que no me interesa la administración religiosa o confesional de lo sagrado, pero parece ser que en cuanto se sale de la palabra instituida por su código y se abren ciertos interrogantes, por ejemplo hasta dónde se puede soportar estar vivo y morir como alguien que estuvo vivo, entonces lo sagrado como lugar y no como sentido, como ámbito y no como institución, comparece. Para mí no se trata de nada trascendente, más bien es un suplemento, un ejercicio de estilo, un artefacto, un alfiler que clava provisionalmente nuestra vida a una mezcla extraña de diccionarios, poemas, textos, dichos oraculares, combinatorias, experiencias políticas y de amistad.


Por Miguel Rep


Fuente: Página 12, 14 de enero de 2009. Buenos Aires


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3316-2009-01-14.html


Lunes 12 Enero 2009

Cuadernos de viaje de Emily Nudd Mitchell. Egipto. El Nilo. La isla de la henna.
Lunes 5 Enero 2009

Publicada originariamente por entregas a través de Internet como regalo semanal para los lectores, esta colección de microrrelatos constituye la última obra de un autor cuyo quehacer literario, discreto y constante, ha visto recientemente respaldado su prestigio con el Premio Tiflos de Novela por su excelente “La línea Plimsoll”. Juan Gracia parece encontrar en el complejo género de los maestros Monterroso y Arreola el instrumento más idóneo para su depurada prosa, que discurre por los vértices de lo cotidiano con resonancias fantásticas, en este caso, bajo la mirada incisiva, perpleja, con frecuencia irónica, de un narrador ficticio: el Jíbaro. De estilo engañosamente sencillo y contenida expresividad, estas variadas e imaginativas historias suscitan preguntas sobre una realidad en ocasiones paradójica, más allá del placer inmediato de su primera lectura y prueban que, narrativamente, “menos” puede ser mucho más.

Iván Navajo

Fuente: Lex Nova julio-septiembre 2008
http://www.lexnova.es/pub_ln/revistas/revista_ln/revista54/48_50_Propuestas.pdf
Viernes 2 Enero 2009

Tierra restante


 Huellas aturdidas que continúan el juego de los nombres. En cada hombre una máscara, el esquema de un signo mudo. En las situaciones anónimas un rostro, una personalidad que nos interroga. ¿Es esta la doble obligación del ethos poético? Mientras tanto, diré como un elogio que apenas entrevemos en este libro ecos de la teoría que se le supone al autor. No se trata tampoco de un poemario hecho a partir de buenas lecturas o de un saber de la poesía. Más bien estamos ante el verbo que brota de la materia bruta de vivir, de la zozobra ante aquello para lo cual nunca estaremos preparados.

El miedo de todas las orillas es acaso el tema de este libro, ese gemido esclavo que, a pesar de cualquier seguridad, se pasea en nuestra boca. Viajar, vivir, saber, saborear el amor a tres bandas (p. 43). Para finalmente seguir teniendo miedo de la quietud del agua. Tras viejas caídas de un antaño que siempre vuelve, quedan tres recuerdos solamente. Lo demás, pequeños aconteceres (p. 25). ¿Es entonces poco con lo que se ha de vivir? No necesariamente, pues un segundo de inocencia basta para salvar un hombre. La poesía preserva ese punto fijo que no tiene lugar, aunque aletee en todos los sitios.

¿Cuál es la continuidad personal de Jorge Alemán, esa "vivencia típica y propia" de la que Nietzsche decía que retorna siempre en todo hombre de carácter? Podemos leer en No saber una confesión, una lista de culpas, el registro de un tiempo no visible. Como si los días del hombre público destilasen un estrato inasumible, otro centro de gravedad. Hasta para el lacaniano, la verdad surge de una crisis imprevisible del saber.

Y siempre el tormento, claro. No sólo no impide que esa materia prima de las vivencias se exprese sino que, al contrario, impone que su sustancia sea el ser expresada. Es la expresión que surge por fuera, a contrapelo de toda la formación. Como si en ciertos seres humanos la deformación, la fidelidad a una vida que nunca tendrá nombre, pudiera más que la mejor de las formaciones.

Así pues, no se trata en este libro de reunir cabos sueltos, esquirlas, la ganga de una vida que discurre firmemente por otros derroteros. Ni siquiera la senda inmanente del concepto es quién para dejar atrás las vivencias, como si fuera un resto. Esta existencia sobrante es más bien la patria del hombre, la región donde ha nacido y donde morirá, en la orilla de todas las elucubraciones. Después de la muerte no hay nada, como se suele decir, porque no hay tal después. La muerte es una cosa que ocurre "antes", que es anterior, que está dentro. Digamos que la poesía es la disciplina de ese descubrimiento.

Es posible, no estoy seguro, entrever además en este libro un homenaje al Borges insomne. Como si la metafísica blanca de su figura fuera ahora el bisturí que sirve a esa abigarrada masa de descamisados que pueblan las afueras, allí donde nuestro sueño bascula. ¿Cómo se habrá escrito entonces este libro? ¿Ejerciendo de trapero del tiempo, coleccionista de ese momento espectral donde la Ley bate, donde muere y resucita la criatura única? En ese tiempo crucial, mínimo en magnitud y máximo en dignidad, la poesía ejerce de preparación para la posibilidad que es la muerte como ninguna teoría puede hacerlo. Nos atreveríamos a decir que hay incluso más política en esa tierra restante que en las especulaciones que quieren mantener la ilusión de lo político a toda costa.

Alemán escarba en la cicatriz fundante, en nuestra torpeza animal, ese sobresalto remoto que siempre vuelve. Buscando el ángulo perfecto de un tango bailado con nadie, No saber indaga el estupor de un ser que sabe que va a morir, que nunca sabremos. Descansar en las heridas, darles forma, reconocer en ellas una lengua natal primera. Se habla desde ese mutismo inicial. Venga lo que venga después, como diría Vallejo, en el fondo no hay más que la cifra que pulsa tras cada avatar.

Madrid, 8 de septiembre de 2008.

Fuente: www.ignaciocastrorey.com/jorge.htm

Miércoles 31 Diciembre 2008

Cuadernos de viaje de Emily Nudd Mitchell. Yemen. Thula, patrimonio histórico
Lunes 22 Diciembre 2008

Cuadernos de viaje de Emily Nudd Mitchell. Beduinas. Yemen

Jueves 18 Diciembre 2008

Ante tus ojos est un album. Qu’est-ce qu’un album ? Une surface blanche, assurément. Dans l’antiquité, c’était un pan de mur enduit de plâtre où l’on inscrivait les avis importants. On lui a ajouté amicorum et le pan de mur s’est fait tablette puis luxueux cahier, on l’emportait en voyage et les bonnes rencontres, les moments mémorables se voyaient résumés par un dessin, une sentence, un poème, un compliment : l’album en se faisant mobile plongeait dans la nuit des souvenirs et en revenait avec une image. L’image a fini par prédominer (et quelque peu déchoir en se mécanisant), l’album par désigner d’une part un ensemble de pages plastifiées piégeant des instants pas forcément mémorables à coup de flashes dans des yeux rouges, et d’autre part une collection de vignettes en couleur où pendant ce temps, à Djibouti ("mon vieux Milou, nous sommes perdus !"). Décadence de l’album. Aussi à première vue Sous tes yeux ressemble à une bande dessinée, ce qui pour moi n’est pas infamant du tout ; mais cependant on enfoncerait son doigt dans la plus obscure cavité ? dans tes yeux ? si on s’imaginait que c’en est une.


Sous tes yeux est plutôt et donc, on y revient, une surface blanche. Au commencement était le blanc. Un écran, si vous préférez. Et voilà qu’apparaît l’opérateur. On ne le présente plus : c’est François Matton. Pour l’occasion il s’est déguisé en moine zen. Mais on l’a reconnu, sous le faux crâne chauve en plastique, la petite natte en fibre synthétique. Et quand il nous dit : la beauté est sous tes yeux, le bonheur ici et maintenant, dissous-toi dans le flux, admire le monde en tous points admirable, on serait assez porté à le croire ; quand il nous dit que ces strips en trois cases sont des haïkus graphiques, on hoche la tête, mais oui c’est ça ; et ses élégants dessins taiseux flottent doucement dans l’aimable blanc, portés par une douce poésie, regard, présence au monde, concentration, amour, humour, tout va bien.


Sous tes yeux commence d’ailleurs ainsi : Ordinairement tu te dis : "tout va bien". Mais très vite un doute s’insinue, sous la forme d’un araignée : est-ce que tu vas si bien que ça ? Au fond rien ne va. Il a suffi d’une autre image pour tout ficher en l’air, d’une juxtaposition pour tout foutre par terre. Sur la terre comme au ciel: on peut appeler cela dualité, pour rester sur les marches du temple. Friction. Récit. Narration. Ça y est, c’est foutu. On a beau en dire le moins possible, ça raconte tout de même une histoire. Et l’on sait que les histoires finissent mal. Alors François Matton, en virtuose transformiste, jette aux orties sa robe et ses socques, saute dans le Transsibérien et produit bientôt à la douane un faux passeport répondant au nom de Lev Koulechov. Le fameux effet, il en exploitera toutes les combinaisons, vous pouvez lui faire confiance, ces chercheurs russes sont très méthodiques. Evidemment adieu la paix, la lumière et la joie. Il fait froid en Russie, un courant d’air glacé passe sous la porte du laboratoire. C’est à devenir fou, gémit le professeur Matton, franchement les amis toutes ces contaminations sémantiques m’ont donné la fièvre, trompeuses images, pouce, je ne joue plus.


Il peut tout faire. C’est angoissant. Une image chasse l’autre, autant dire une émotion, une humeur, une raison de vivre. C’est bien beau l’impermanence, mais à quoi se raccrocher ? C’est bien joli le flux, mais vous ne trouvez pas que le courant est un peu fort ? Heureusement notre héros a plus d’un tour dans son sac : deux traits au-dessus de sa tête, et c’est une branche à laquelle il se suspend, et le sens avec lui. C’était si simple ! Où était la solution ? Je ne te le fais pas dire : sous tes yeux !! François et le sens se balancent ainsi, doucement, au-dessus du flot des images. Profitant de leur position élevée, ils se moquent un peu : va donc, eh, cliché ! retourne à Épinal ! C’est qu’ils se méfient, maintenant. L’oeil se plisse, l’oeil s’affûte. On ne la lui fait plus. Ces quelques pattes de mouches éparses, ce sont aussi bien des sauterelles à Palmyre que des chauves-souris en Amazonie, n’importe quoi.


À la fin de l’album les couleurs se retirent, le noir envahit tout. François ricane un peu (this is the end... my friend...) et il a bien le droit, car c’est une mort pour rire. La vie a une fin, le bonheur a une fin : mais pas un album. D’abord, on peut le relire. Et pas forcément en commençant par le début. On sent même qu’on est invité à rebrousser chemin. À fermer l’album et à l'ouvrir au hasard. À lire une page en diagonale, de gauche à droite comme si deux n’en faisaient qu’une, la tête en bas. En faisant comme si le temps n’existait pas. Le temps et ses regrets ses peines et ses douleurs, toutes ces histoires, oublie-les. Suspends ton oeil à ce trait dont la pauvreté fait confiance à la richesse de ta mémoire. Prends un peu plus le bonze au sérieux ; tire sur la natte, aïe, elle était vraie ; feuillette le monde d’un doigt souriant. C’est le plus luxueux des albums, sa moindre vignette un vivant poème ; tu n’as qu’à le lire amoureusement, infiniment. Tu le savais pourtant.


Prestige retrouvé de l'album, plâtre frais des places romaines, livre d'images, petit miracle : grimé pour mieux surprendre en un 62 pages cartonné couleur, tel un bon vieux Tintin ? ces moines zen sont d’un facétieux.
Jueves 18 Diciembre 2008

Es extraño.
Es algo más que un juego y algo menos que la melancolía; tiene a la vez la elegancia del gentleman y la gracia del bufón ya un tanto envejecido. Propone el despiste tipográfico pero no oculta que las palabras significan. Habla del poema mismo sin que haya un motivo para ello; sabe que transcurre en la historia, pero se pregunta qué es eso.
Es extraño.
Cuantas más palabras, más perturbación; cuanto más espacio en blanco, menos silencio; cuanto más amor, más sonríe sospechando que no le corresponde; cuanto menos crepúsculo, mayor tamiz.
Es extraño, un libro extraño.
Por suerte para mí, que lo he encontrado.


A.M.R.

Fuente: www.ariadna-rc.com, nº 40
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