BLOG DE LA MEDIAPÁGINA

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Lunes 28 Diciembre 2009
No me gustaría palmarla, de Boris Vian, y Antología de Armand Gatti en la FNAC de Madrid.

También puedes encontrarlos en nuestra tienda on line.
Viernes 18 Diciembre 2009
Escucha aquí la entrevista realizada por La Libélula de Radio 3 a Armand Gatti.

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Viernes 18 Diciembre 2009
Puedes escuchar aquí la entrevista realizada por La Libélula de Radio 3 a Catherine François y Santiago Auserón sobre El árbol ausente.


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Viernes 11 Diciembre 2009
Foto de Gabriel Pecot


La lucha poética de un anarquista incansable


El francés Armand Gatti presenta una antología en castellano

El diccionario de la lengua francesa no sólo contiene palabras, sino también nombres y apellidos de personajes que marcaron su época. Armand Gatti es definido así: «Dramaturgo, poeta. Anulando las fronteras entre el sueño y la realidad, pone al servicio de su fe revolucionaria todos los recursos de un teatro militante». Más que un soñador, más que un simple militante de izquierdas, Gatti es a sus 85 años el último poeta anarquista. Y claro, era para él impensable acudir a Madrid, donde presentó ayer una antología poética (Demipage), sin lucir en la solapa de una chaqueta de cuero negra una chapa de José Buenaventura Durruti.
Seminarista, miembro de la Resistencia durante la II Guerra Mundial, deportado a un campo nazi, guerrillero, periodista, cineasta, autor de obras de teatro, Gatti (nacido con el nombre de Dante, el 26 de enero de 1924, en Mónaco) vivió su siglo con una sola prioridad: dar voz a los que las autoridades calla-ban. Cuando su padre falleció, tenía 15 años, este le dijo: «Muestra lo que sabe hacer el hijo de un anarquista». En 1962, Gatti escribía su Canto a la Revolución: «Ya no queremos/ Que el hombre se humille/ Que entierre su fecha de nacimiento/ Bajo una autorización/ De trabajo/Y trueque la de su muerte/ Por un permiso de residencia».
Al enseñarle el poema más de 40 años después, Gatti lo canta, como si fuera por primera vez y con el mismo fervor que cuando lo hizo en los años sesenta en escenarios de teatro de Francia y Bélgica. «Todo esto es muy actual. Estamos en la mierda total», lanza. La Antología publicada ahora reúne textos escritos entre 1962 y la actualidad.
Antes de responder a cualquier pregunta, el autor francés deja claro una cosa: el lenguaje engaña, es peligroso. Y sus recuerdos le llevan hasta su experiencia junto a Mao Zedong, cuando «me regaló un ideograma». «Es cuando entendí que el lenguaje era determinista y de ahí la riqueza del teatro y de la poesía. Las frases son ideogramas: el sujeto es un signo, el verbo otro, etc... Sólo de esta manera podemos dar un sentido, expresar una ideología, a nuestro idioma», explica.

Contra el franquismo

Torturado por los nazis durante la ocupación de Francia, se alzó en armas en el maquis. Tras la guerra, narró sus experiencias en obras de teatro como La vida imaginaria del barrendero Auguste G., V como Vietnam y La pasión del general Franco. Su compromiso contra el totalitarismo es absoluto y, cuando se estrenó en 1968 su obra contra el régimen franquista, el espectáculo fue censurado por De Gaulle. Gatti, llamado «poeta calentado» por el general, aguantó y presentó la obra ocho años después con actores exiliados españoles.
Los inmigrantes formaban parte de los loulous, palabra muy difícil de traducir, que podría resumirse bajo el simple nombre de «tribu». Son los marginados, los perseguidos, los parados, los sin papeles, los que nadie quiere escuchar. Sigue haciendo teatro aún en la actualidad, cerca de París, con todos los que quieren. «Intentas hacer el hombre más grande que el hombre, me dijo un día Pablo Picasso», se acuerda. Y arranca con otra historia: «Perdone mi memoria, tengo 85 años y se me va un poco la olla».
¿Sigue creyendo en el anarquismo? Muestra la chapa de Durruti y su camiseta negra. «El problema es que Mussolini también llevaba una. El problema del anarquismo es el fascismo», reconoce, «pero el anarquismo, cada uno lo inventa frente a una sociedad de mercado que impone sus leyes».


Guillaume Fourmont

Público, 04/12/2009


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Viernes 11 Diciembre 2009
Foto: Armand Gatti, David Villanueva y Natalie Seseña en la presentación de la Antología, el pasado 3 de diciembre.


Armand Gatti «La palabra es el arma de los pobres»



«No estamos hechos para la Historia. Entonces, ¿para qué estamos hechos?», escribe en uno de sus más conmovedores poemas. Pero él intentó que la Historia, al menos, no le pasara por encima. Apenas un adolescente, con diecisiete años se echó al monte para luchar contra los nazis. Apresado, fue condenado a muerte, pero le fue conmutada la pena por ser menor. Desde entonces, y han pasado setenta largos años, el poeta, cineasta y dramaturgo francés Armand Gatti no ha dejado de luchar.

De sus luchas y de sus versos, encendidos, incendiados, da buena cuenta una «Antología» recién editada (bellísimamente, marca de la casa) por Demipage. Podría citar nombres, y nombres (bueno, sí se le escapa un recitado del «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías»), sin embargo este viejo león libertario (una chapa con el retrato de Buenaventura Durruti en su solapa) prefiere reconocer influencias más sencillas: «Mi gran influencia han sido mis orígenes, mi padre barrendero y mi madre criada, la pobreza, algo que ya empecé a sentir en el vientre mismo de mi madre. Y, además de eso, todo lo que tiene que ver con España y con la Guerra Civil. Durante toda mi vida ha sido una obsesión, el sufrimiento del pueblo español me marcó para siempre y me sigue marcando, aquella imagen de una barricada levantada con libros».

La patria de su infancia

Desde los lejanos tiempos del maquis, Gatti viaja «siempre con mis muertos», los compañeros perdidos, aquel París donde «las emisoras de radio aullaban en todos los pisos», exiliado («Siempre he sido un extranjero») de la patria de su infancia, una infancia «donde mis padres luchaban y luchaban por tener una vida mejor, donde los patrones eran lo peor del mundo, donde mis amigos eran sus perros y sus gatos, donde la literatura y el arte brillaban por su ausencia».

Pero Gatti no se echó atrás. Empezó a leer libros que robaba, con la silenciosa complicidad de su madre, y en ellos aprendió que «un libro es un lenguaje de un país, pero también el lenguaje de un país es el de sus patrones», aunque él escriba y crea que «vivimos atrapados por una inteligencia superior, la del Universo y eso nos hace incapaces de comprender absolutamente nada, y nuestra única respuesta es la palabra, la poesía. La palabra es el arma de los pobres y es la única forma de cambiar el mundo». Al fin y al cabo, no hay que darle más vueltas, ni a la vida ni a la poesía, porque, tal y como escribe Armand Gatti en esta antología: «Todos hemos nacido de la agonía de una estrella».


Manuel de la Fuente.

ABC
03-12-2009


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Viernes 11 Diciembre 2009
Foto: Armand Gatti, David Villanueva y Natalie Seseña en la presentación de la Antología, el pasado 3 de diciembre.



Armand Gatti «Toda mi poesía nace del campo de concentración»


El dramaturgo galo presenta hoy en el Instituto Francés de Madrid una antología de sus poemas

Estos días anda por Madrid un anciano de 85 años enfundado en un tres cuartos de cuero negro que perteneció a Buenaventura Durruti. Cuenta que se lo regaló Cipriano Mera. Éste le aseguró que lo había olvidado el mítico anarquista en París cuando tuvo que salir corriendo hacia España porque había estallado la Guerra Civil. El hombre en cuestión es Armand Gatti, al que se puede calificar, sobre todo, como dramaturgo (ganó el Premio Nacional de Teatro en Francia en 1988). Pero también como poeta, periodista y director de cine. En su biografía converge un vértigo de acontecimientos imposible de acotar por escrito: la lucha clandestina contra los nazis en el maquis francés, la deportación a un campo de concentración en Hamburgo, la épica huida de él, sus relaciones más o menos amistosas con Castro, el Che, Mao Zedong... La editorial Demipage acaba de publicar en nuestro país una antología de su obra poética, una excusa perfecta para hacer repaso de su asendereada existencia.

Pregunta.- Dicen que usted es el poeta que mejor ha respondido la pregunta que se planteó Adorno: ¿Es posible la poesía después de Auschwitz?
Respuesta.- La poesía ante una catástrofe como la del Holocausto puede parecer algo irrisorio. Pero todo depende de lo que se entienda por poesía. Para Adorno es un debate de salón y para mí, un combate. Todas las palabras que he escrito se las debo a los compañeros muertos en el campo de concentración. Mi poesía nace de ahí.

P.- Algunos lo llaman irónicamente el milagro francés: Francia, 1940, 40 millones de colaboracionistas. Francia, 1944 (tras el Desembarco de Normandía), 40 millones de resistentes. Demasiados disfraces, ¿no?
R.- Yo fui uno de los primeros maquis que se rebelaron contra los alemanes en el Macizo Central. Entonces estaba acompañado de tan sólo 3 hijos de ferroviarios que se habían negado a trabajar en Alemania. Tras la liberación, en los registros figura que en aquella zona operaban 50.000 resistentes. La realidad, pues, había sido adulterada.

P.- El Che es hoy una leyenda. Usted tuvo la oportunidad de conocer al hombre. ¿Quién era?
R.- Lo han convertido en un producto de consumo. En Dallas subastaron mechones del cabello que le cortaron tras matarle en Bolivia. Poco tiene que ver esto con realidad. Yo conocí a un argentino con la idea de cambiar el mundo, como cualquier persona sensible, pero consciente de que no tenía ninguna oportunidad de conseguirlo.

P.- ¿Y Castro?
R.- Alguien vilipendiado injustamente. Al terminar la Revolución su nuevo gobierno me encargó que rodara en Cuba una película. Algunos de sus asesores que se pasaron por el rodaje llegaron a decirle que no financiara mi película, El otro Cristóbal, porque la consideraban demasiado surrealista. Él les despachó diciéndoles: «Pero si yo adoro el surrealismo».

P.- Dejó el periodismo cuando gozaba de una gran popularidad en este oficio. ¿Por qué?
R.- En los diez años que ejercí el periodismo me sentía como un actor que quiere hacer dramas pero sólo le ofrecen comedias. Por el día me ganaba la vida escribiendo reportajes y entrevistas, pero por la noche escribía poesía y teatro.

P.- André Malraux, hombre que se significó como defensor de la República española, le prohibió en la Francia democrática del 68 su obra La pasión del general Franco. ¿Cómo fue aquello?
R.- El embajador español se quejó ante nuestro gobierno porque según le habían informado yo le faltaba el respeto a la mujer de Franco, a la que en mi obra la llamaba La collares. Es curioso, pero no se quejaban de que denunciara las masacres del dictador sino de detalles menores. De Gaulle, que por entonces empezaba a tener intereses comunes con el régimen de Franco, pidió a Malraux, entonces ministro de Cultura, que parara los pies a «ese tocapelotas». Y éste se limitó a cumplir la orden que le venía desde arriba. A pesar de este episodio en el que nos enemistamos, tengo en común con él que siempre hablamos de la Guerra Civil española como de una esperanza.

P.- Y Sarkozy... ¿qué sentimientos le inspira?
R.- Pues la verdad es que no le conozco personalmente, ni tengo ninguna intención de hacerlo en el futuro.


Alberto Ojeda

El Cultural, 03/12/2009


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Viernes 11 Diciembre 2009
Foto de Gabriel Pecot


Gatti confiesa que su palabra nace del dolor en los campos de concentración


Armand Gatti, el poeta, dramaturgo y cineasta francés, entre otras cosas, como maqui, superviviente de un campo de concentración o amigo de Mao o Fidel Castro, a sus 85 años, está en Madrid para presentar su antología de poesía en castellano. «Perdida la batalla, sólo queda la revolución de las palabras, dice».
Y es que Armand Gatti parece que es el más apropiado para responder a la pregunta que formuló en su día el filósofo alemán Theodor Adorno: «¿es posible la poesía después de Auschwitz?»
Así, este viejo resistente con cara de hombre noble, con el cabello sobre los hombros, acude a la entrevista vestido todo de negro, con un chaquetón de cuero raído por el paso del tiempo y una chapa en la solapa de Buenaventura Durruti, y espeta rápido a Efe que «la poesía es lo mejor, pero sale del dolor de los campos de concentración».
«La poesía está hecha con palabras, y éstas son la única arma que nos queda –sostiene–. Han nacido del combate y del dolor, del dolor por mis amigos muertos en el campo de concentración. Mi primer amor, Nicole, que era una joven judía que murió en una cámara de gas y por la que yo me hice maqui para luchar contra los nazis desde los 17 años», explica este infatigable libertario.
Gatti consiguió escapar del campo de concentración de Lindemann (Hamburgo, Alemania) siendo menor de edad y, desde entonces, su lucha no ha parado. Hijo de padre barrendero, protagonista de muchas de sus obras, y de madre asistenta, su toma de conciencia por los débiles la lleva tatuada, y su amor por España y su odio a Franco también.
«Yo conocí España a través de los emigrantes que iban a mi casa a ver a mi padre y le contaban lo que sucedía en la minería del norte, cómo trabajan y en qué condiciones. Después, mi primera obra en el Teatro Nacional de París, en el 68, que la prohibieron, se llamaba La pasión del general Franco».
Esta obra causó un incidente entre la diplomacia de España y Francia, porque el embajador español se quejó y De Gaulle mandó a su ministro de Cultura, Malraux, que la parara. Gatti, con ésas, se marchó a Alemania a seguir haciendo teatro y cine.
Pero la Guerra Civil española siempre ha estado en su corazón y después rodó El paso del Ebro y llevó a escena La columna de Durruti. Dice que se fue a Cuba para seguir defendiendo a los perdedores de la guerra.
El Che Guevara le convenció para que hiciera una película en Cuba en 1962, un rodaje «complicado», recuerda, porque cada día venía un miembro del Gobierno a ver el rodaje: «un día Fidel, otro Cienfuegos, otro Guevara…» ríe este anarquista, que dice que hoy la izquierda y la derecha se diferencian porque la derecha nunca quiere dar dinero para la cultura.
Y, como sus palabras van y vienen, vuelve al Che y a Mao para explicar que son «dos de las figuras más difamadas y menos conocidas por los medios de comunicación. Son dos iconos de la publicidad», añade.
Este anarquista, que escribe que «todos hemos nacido de la agonía de una estrella», mira la vida desde la otra orilla, fuera de todo centro de poder, porque «para ver hay que tomar distancia», añade, y sostiene que hoy «la sociedad mercantil no admite el arte. Estamos en la decapitación de la cultura. Los negocios, Google… Todo tiene tanto poder que no hay lugar para la experimentación».
Así, visto el mundo, Gatti ha decidido que ya no hace cine «porque me dijeron –explica– que era el séptimo arte, y hoy es una enfermedad», ríe, al tiempo que canturrea la letra de «Ay Carmela».
Gatti está contento por la publicación de esta antología poética, con poemas intensos y profundos que publica en España Demipage, pero le gustaría que se publicase todo porque, recalca, «amo España», y, mientras, sigue trabajando en su espacio La parole errante (la palabra errante) en Montreuil, un espacio «para la creación y la libertad».


Carmen Sigüenza, EFE

Público, 4/12/2009


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Miércoles 2 Diciembre 2009
Miércoles 2 de diciembre: proyección de El otro Cristóbal, de Armand Gatti, en el Teatro del Institut Français de Madrid.

Jueves 3 de diciembre: presentación de Antología. Armand Gatti, en la Mediateca del Institut Français de Madrid.


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Miércoles 2 Diciembre 2009
Boris en boîte, velada musical y poética en homenaje a Boris Vian. Jueves 3 de diciembre, a las 20 h, en el Institut Français de Valencia (c/ Moro Zeit, 6).

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